Tallin
La ciudad de Tallin, es la capital y principal puerto marítimo de Estonia. Está situada en la costa norte del país, en el Golfo de Finlandia, a 80 km al sur de Helsinki. Pintoresca, bien conservada y con un aire medieval. No le falta ni un flamante castillo, ni casas multicolores, ni una inmensa plaza mayor que fue mercado, llena de cafés y restaurantes. Todo ello frente al mar Báltico y rodeada de lagos y bosques.
Tallín significa fuerte danés en estonio, en recuerdo a que fue fundada por vikingos a principios del siglo XIII. Desde entonces ha estado casi siempre bajo una fuerza extranjera, un hecho que se refleja en la mezcla de culturas que se percibe a cada paso. La mayor influencia fue siempre alemana; los caballeros teutónicos en el siglo XIV se hicieron con el poder político, mientras que la Liga Hanseática controlaba el comercio. Pero también estuvo durante siglos bajo la corona sueca y más tarde, controlada por los zares de Rusia. Todos dejaron su huella y ahí radica el encanto de esta ciudad que tan pronto parece escandinava, como rusa, alemana o finesa.
Tallin posee un aeropuerto, situado aproximadamente a 4 km en las afueras de la ciudad con conexiones regulares a varios aeropuertos de Europa. También Hay conexiones ferroviarias a varias ciudades, como Tartu, Pärnu, Narva, Riga, Moscú, y San Petersburgo. También existen autobuses hacia estos destinos y otras partes del país. Tallin está conectada a Polonia por la carretera conocida como "Vía Báltica", que recorre Estonia, Letonia, Lituania y Polonia. Por vía marítima, varios ferrys conectan a Tallin con Helsinki (Finlandia), Estocolmo (Suecia), Aland (Finlandia), San Petersburgo (Rusia) y Rostock (Alemania).
La ciudad medieval, al sur de la bahía de Tallin, abarca Trompea (la parte alta de la ciudad) y la parte baja. Esta ultima zona se extiende al pie de este de Trompea, que sigue rodeada por gran parte de los 2,5 km de su muralla defensiva. El centro se halla en Raekoja plats. El barrio antiguo está bordeado por un cinturón de parques verdes que siguen la línea de los fosos defensivos originales que protegían la ciudad. En este cinturón verde se localizan varios puntos útiles para orientarse: Vabaduse väljak, el moderno centro; Balti jaam y la estación de tren al norte del barrio antiguo.
Los principales lugares de interés se encuentran en el casco antiguo e inmediaciones. Pocos viajeros rebasan las murallas medievales para acercarse a otros sitios que quedan al este, como el parque Kadriorg, la playa de Pirita, el jardín botánico y la intimidatoria torre de comunicaciones de televisiones. Al oeste del casco antiguo queda el Museo al Aire Libre, donde se pueden apreciar algunos ejemplos de antigua casas de madera típicas de Estonia.
Para recorrer Tallin en cuatro días se puede empezar la primera jornada desayunando en algún café evocador; si sube a la torre del Ayuntamiento, en la maravillosa Raekoja plats se obtendrá una visión general de la ciudad, luego se puede curiosear por las calles que se han visto desde lo alto. Tras visitar las tiendas de Artesanía se puede entrar al Museo de la Ciudad, un interesante repaso a sus 700 años de historia. Luego de almorzar acúdase a la ciudad alta, donde la Catedral Alejandro Nevski no tiene desperdicio, lo mismo el cercano patio del Rey Danés. Por la noche se puede cenar a lo grande a la luz de las velas en alguno de los espectaculares restaurantes medievales de la ciudad.
El segundo día hay que visitar el Parque Kadriorg, donde se erige el palacio barroco de Pedro el Grande y acto seguido pasear por las calles circundantes, en su día barrio élite de Tallin. Se puede aprovechar el tercer día yendo a la playa de Pirita, alquilar una barca de remos en el río homónimo o ir de picnic al jardín botánico. Para el último día se puede hacer una escapada de la ciudad y visitar la surrealista y antigua base soviética de Paldiski o, si hace buen tiempo, disfrutar de la playa en Väna-Joesuu. De vuelta a la ciudad, no hay nada mejor para pasar la última noche que recorrer sus cafés, bares de vinos y locales nocturnos.
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